Etiquetas

♥ (2) 11th dimension (1) 2011 (1) acordeón (1) actualidad (1) adios (1) adiós mundo cruel (1) al pedo (2) Albeniz (1) Albert Hammond Jr. (1) alex turner (1) alexa chung (1) almuerzo (2) amigas (1) amores míos (2) Amy Winehouse (1) anestesiada (1) Angles (1) Angus and Julia Stone (1) animación rusa (1) años (1) apocalipsis (1) Argerich (1) arte (2) atemporalidad (1) Audrey Hepburn (1) Bach (1) banal (1) Beach House (1) Ben-Hur (1) berceuse (1) bittersweet (1) björk (4) black swan (1) blackandwhite (3) boda real (1) born slippy (1) boys (1) Brahms (1) breakfast (1) BSO (2) buenos momentos (1) burritos (1) cage the elephant (1) cambio de blog (1) camille (1) cartas (2) Cemetery Junction (1) Chanel (1) chao (1) chloe sevigny. short (1) Chopin (6) chopra (1) cinderella (1) cine (5) Coachella (1) Coldplay (3) collage (4) comida (1) cómo Bach se sacudió en la tumba hoy (: (1) compositores (1) computadores de mierda (1) concierto (2) crónica (2) crush (1) cuentos inconclusos (1) Darwin (1) de saloon (1) Debussy (3) decisiones (1) decoración (1) desayuno (1) deseos (1) detalles (1) diario vivir (16) días (1) dibujos (1) diseño (1) Eat That Up (1) educación (1) Edward Steichen (1) ego (8) El señor de los Anilllos (1) El señor de los anillos (1) electrónica (2) elefante wtf? (1) England (1) Erin Wasson (1) escritos (7) espalda (1) estética (3) estupidez humana (2) eterno (1) ethnic (1) etudes (1) Fabrizio Moretti (3) facebook (1) familia (7) fashion (1) Federico García Lorca (1) Filter (1) fin de semana (1) fin del mundo trucho (1) flequillo (1) Florence + The Machine (1) fotografía (10) francisca valenzuela (1) Frank Sinatra (1) friki (1) Funny face (1) Gauguin (1) gente (3) gif (7) girls (1) Glenn Miller (1) groupie (1) grullas (1) guitarra (1) Gus van Sant (1) gustos (1) hablar sola (2) harta (1) hereje (1) hija (1) historias (1) Hola a todo el mundo (1) holi (1) hombre perfecto (7) hombres (1) Hoppípolla (1) Ian Curtis (2) idiota (1) idola (3) ídolo (1) imagenes (1) impresionistas (1) inspiración (4) interpol (1) ira (1) isabel lucas (1) It's Good for You (2) Jane's Addiction (1) jazz (1) jeans (1) jiji (1) jim morrison (2) Jimbo (1) Jose Gonzales (1) josh beech (1) Joy Division (3) julian casablancas (7) karma (1) kate bosworth (1) Klimt (1) Kokoschka (1) LCD Soundsystem (1) leon (1) leonardo dicaprio (1) Lewis Hine (1) libros de autoayuda (1) Little Joy (1) live forever (1) lluvia (2) loca (1) lollapalooza (2) Los Campesinos (1) Los Vilos (3) love (1) Lucas (1) lugares (1) luna (1) lunes (2) madre (2) Mahler (1) manías (1) Manny Corchado (1) manuales de autoayuda (1) mar (1) Marcel Castenmiller (1) máximos (1) Mendelssohn (1) mensaje (1) Messiaen (1) mierda (6) mierdas (1) mis fotos (34) moda (2) models (6) muebles (1) muelle (1) mujer (1) mundo (1) música (20) natalie portman (1) new look (1) Nick Valensi (4) Nicole Reynolds (1) Nikolai Fraiture (3) No love lost (1) Norman Palm (2) ñá (1) ñe (2) Oasis (2) opinión (1) oscar (1) otoño (3) paisaje (1) paseo (1) Paul Cézanne (2) películas (3) pensamientos (5) perfection (2) perro (2) pianista (1) piano (15) pictures (1) pintura (3) playa (3) poemas (1) pretty lights (1) punk (1) quotes (1) Rachmaninoff (1) random (17) random shit (1) Ravel (1) read my mind (2) recomendaciones (2) recuerdos (7) Red (1) reflexión (2) relatos (3) roadtrip (4) Romanticismo (1) sabado (2) sac des filles (1) santiago (1) Scarlatti (1) Schumann (1) Scriabin (1) semana santa (1) she (2) shit (1) Sigur Ros (3) Sinfonía (1) sociedad (1) Sociedad de los poetas muertos (1) style (2) Subjan Stevens (1) sueños (1) Tahiti 80 (1) tattoo (1) te re doy en esta imagen Nick Valensi (1) tecnología de mierda (1) temblor (1) templarios (1) the doors (4) the morning benders (1) The Police (1) The Smiths (1) The Strokes (11) The whitest boy alive (1) These New Puritans (2) This is England (2) Toby (1) Tolkien (1) Tom Hughes (1) Tory Amos (1) trailers (1) Trainspotting (1) tú (1) tumblr (1) Two Door Cinema Club (1) unison (1) valle (2) valparaíso (2) verano (3) verduga (1) Vetusta Morla (1) viajes (6) victoria (26) vida (13) videos (14) videos mios (2) viernes (1) vinilos (1) visuales (1) vj (1) volcán (1) Voltaire (1) volvo (1) wipiti wapiti wú (1) Yael Naim (2) you only live once (1) Zoo Kid (2)
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de junio de 2012

y tú qué miras?

No sé, supongo que a todos les da que cuando ven una fotografía quieren saber su historia, al menos a mi siempre me pasa, me imagino en qué momento fue tomada, por quién, cómo se sentía la persona que sale en la foto... y un montón de preguntas como qué estaba haciendo yo mientras esa foto fue tomada... que se yo, quizás es un royo que me paso sola y me creerán rayada ahhahaah en fin... he estado pasando mis archivos de respaldo a mi notebook que está funcionando bien luego de su reparación y me he puesto a revisar mis archivos de fotos... de esas viejas y actuales y casí en random he decidido subir algunas y contarles pequeñas historias...




Lollapalooza 2012. Concierto de MGMT. Despues de un día músicalmente exquisito, Foster the people, Friendly Fires, Band of Horses, Crystal Method, Joan Jett, no sé... ese día fue orgásmico. MGMT al lado del escenario con un público civilizado que me dejó estar cerca, disfrutar la música y al hermoso de Andy ahahaha.


Me gusta porque salgo random... es uno de mis cafés favoritos en la ciudad, es pequeño, tan pequeño que va muy poca gente y es poco conocido, ahí estamos afuera, pero dentro hay libros donde puedes beber café mientras lees algo de su biblioteca... Me gusta porque siempre voy con una amiga en particular y hablamos por horas, como esa vez... ese día me sentía asfixiada y estresada... año 2010.


Año 2009... tomada en el hotel donde me quedé en Santiago cuando iba a dar el concierto en homenaje a Chopin. Ese fue el día en que llegué. Domingo. Me sentía nerviosa y ansiosa... aunque estaba segura de lo que llevaba. Hotel España se llamaba. Recuerdo que amé la vista que tenía esa habitación...


Ignoren la calidad de la foto porque aquí estoy subiendo todas esas fotos que me han tomado las personas a mi alrededor que en su mayoría no saben nada de fotografiar, de todas formas las amo, todas... como esta, que me tomó mi hermano, es después del concierto que di en homenaje a Chopin en Santiago, se evidencia mi cara de cansancio extrema pero creo que también de felicidad, ahí con la ropa que toqué en el concierto. Partimos un grupo de amigos que fueron a escucharme y nos fuimos con mi hermano, ellos y mi vieja a un bar que amo de Santiago, ahí entre birras y tablas para picar celebramos lo bien que me fue... Puedo confesar que siempre que voy a dar un concierto, antes de salir al escenario imagino cómo será cuando ya haya pasado todo y esté en un bar celebrando con mis amigos ahahahaha eso me hace sentir que el momento es el momento y ya... que lo vivo y que en un par de horas estaré celebrando por lo bien que ha salido todo.

Esta fotografía me la tomó un gran amigo mio, lo conozco desde que tengo 9 años pero nos hicimos amigos una vez que ya entramos a la universidad... irónico, porque ambos escogimos universidades y carreras distintas, de todas formas encontramos un punto de unión interesante... me gusta la fotografía porque es sólo yo... atrás mi piano. No hay pose, no hay expectación de una buena foto. No hay edición. Sólo es.


Concierto de Pearl Jam. Noviembre 2011. Fotografía tomada por mi hermana, enmarcando uno de los días más perfectos de mi vida. Ese día fue perfecto de principio a fin. Y aunque salgo seria en esa fotografía (vamos, que había hecho una cola de 3 horas al sol y acababa de hacer otra como de media hora para ir a un puto baño), creo que sentía una felicidad dificil de explicar. Ese recital fue sublime y lo sublime de todo fue compartirlo con mi hermana mayor... creo que es un recuerdo máximo para ambas.


Esta foto es posada, estoy pintada a lo Amy Winehouse y está editada. Pero la amo porque uno de mis mejores amigos me hizo esta foto despues de mucho pelear con él. Llegó a mi casa sin invitación (cosa que amo, en serio) y me pilló en plena sesión de "me quiero dejar la cagada con el lapiz de ojos", a él le encantó tanto verme así que insistió como enfermo con la foto y bueno. Que se yo.


Estoy durmiendo. Esta foto me la tomó alguien bonito y que quise mucho. Duro poco.  Pero... es la vida...


Recital que di en un centro de artes. Me gusta el movimiento. Año 2009. No me gustó ese recital en si, recuerdo que no quedé conforme, pero finalmente casi nunca quedo conforme al 100 % con un recital, es parte de mi auto-exigencia maniaca... en fin. Mi hermana tomó esta foto... le salió buena de pura casualidad porque es experta en sacar malas fotos ajajajajajja


Ya. Fin.
Pasad buen fin de semana.

sábado, 11 de junio de 2011

thank you.


7 de julio 2004. Está nublado, hace frío, caminas junto a los otros 67 miembros de la orquesta rumbo al Teatro Municipal. Cargas en tus manos enguantadas la carpeta con tus partituras, parece un día como cualquier otro en esa gira, pero no lo es, tienes 16 años y serás la solista en el teatro más importante, es el momento, tu estómago se revuelve pero aún te sientes tranquila, ansiosa, sí, pero no te comen los nervios como pensaste que lo harían. Se acerca una de tus mejores amigas y te pregunta cómo te encuentras, "bien" dices, es la palabra que ha salido automática de tu boca desde que bajaste a tomar desayuno al comedor del hotel esa mañana, porque casi todos te han preguntado ya lo mismo, ¿qué quedaría decir? "Estoy... estoy conciente de la carga enorme que es ser solista junto a una orquesta, un solo fallo mío ¿y qué pasaría? ¿podrían seguirme?" son demasiadas palabras y sabes que ellos quieren escuchar que estás bien así que no te cansas en ello.

Llegas al teatro, tu profesora te está esperando ahí, es el ensayo general que por esas casualidades malditas del destino es apenas dos horas antes del concierto, tienes un ensayo para probar ese piano y ya está. Ella te vuelve a hacer la pregunta del millón y respondes lo mismo, aunque ya comienza a preocuparte el ensayo previo al concierto, siempre te han parecido más terribles que el concierto mismo, según lo que pase en ese ensayo es cómo estará la mente para el concierto: o preocupada por lo que salió mal o tranquila por lo excepcionalmente bien que salió todo, sabes que esa segunda opción casi nunca ocurre, eres demasiado exigente contigo, eso también juega un poco en contra.

Te dejan el piano unos minutos mientras los otros afinan los instrumentos, haces escalas y compruebas lo inevitable: el piano es jodidamente duro, las teclas son más pesadas que en los pianos en los que acostumbras a tocar, tragas saliva en grueso, obligas a la mente a no tomar en contra. El ensayo comienza, te sabes el concierto nº1 de Beethoven de memoria, aún así necesitas tener la partitura en el atril del piano, está cerrada pero te da esa calma estúpida, aún cuando sabes que no abrirás ese libro, no si quieres conservar tu paz mental.

El ensayo termina, ha salido bien, pero no excelente, deseas que la hora que te queda antes del concierto sea repasando en el piano pero tu profesora no te lo permite, te obliga a relajarte -si "obliga" es la palabra- y te lleva a uno de esos clásicos cafés en los alrededores del teatro en Santiago, beben café, comen galletas y entre conversaciones anecdóticas vuelves a sentirte en calma, sonríes y es de verdad, te sientes confiada nuevamente, pero ya es hora de volver al teatro, regresas y ella se despide de ti, no la verás hasta que haya pasado el concierto. Suspiras. Alcanzas a saludar a tu madre y hermana que han viajado especialmente a verte, por ser la solista tienes un palco reservado para tus invitados especiales. Un abrazo, un te quiero, la promesa de verse luego que pase todo.

De pie tras bambalinas, sientes el bullicio de la gente al otro lado de la cortina, el director se acerca y toma tus manos, te sonríe, el programa está diseñado de manera que tocas como acompañante en la primera obra, luego sales y no vuelves hasta el concierto de Beethoven. Y comienza, la primera obra pasa rápida, demasiado para tu gusto, has visto al salir el público y el salón está lleno, llenísimo, hasta arriba. Te ha entrado un poco el pánico, las manos te sudan un poco, casi sientes la sangre correr en las venas, palpitar en tus oídos. Te paseas mirando ese piso de cuadrados blancos y negros, escuchas la orquesta tocar y mentalizas los primeros compases del concierto, te encuentras pensando que sería mejor que esa obra fuese eterna, no sabes si quieres salir, maldices por ser tan marica en el último momento. Enfócate, Vial. Sientes los aplausos, ahora vienes tú, el director sale a encontrarte atrás. ¿Lista? pregunta. Asientes, no estás para hablar.

Sales y por segundos las luces te enceguecen, no ves nada, los aplausos suenan demasiado estridentes y la visión delante de ti es de completa oscuridad, no ves absolutamente a nadie del público, un hoyo negro, nada. Te sientas, suspiras, tratas de mantener la mente en calma, centrada en mantener todos tus sentidos en lo que está apunto de empezar. No te apures con el tiempo. Si te equivocas sigue. En la coda, que corran los dedos. Una seña al director y empieza. Sigues la música y cierras los ojos mientras esperas que llegue tu entrada, sabes que todo ese nervio se quitará apenas empieces a tocar y así sucede. Los primeros compaces y ya está, es el momento de catarsis que ansiabas y al fin te sientes en tu medio, los compases avanzan y sientes esa sensación de soberbia felicidad que sólo experimentas al tocar en vivo, terminas la primera sección y viene el tutti de la orquesta, respiras y la adrenalina te posee por completo, sigues la música pero tu mente comienza a desconectar, entras en un estado inefable de plenitud, porque al entrar a tocar ya no piensas en la obra, algo pasa con tu mente que te visualizas volando sobre un águila, en un cielo despejado a una altura imposible de precisar... ¿son segundos? no lo sabes con exactitud, incluso con el pasar de años ese momento no lo sabrás explicar,  pero en ese instante eres tú y ese águila en vuelo... nada más.

El concierto sigue y tu memoria pierde lapsus de lucidez de ese presente, la adrenalina y una felicidad nata te embargan, el momento se quiebra y ya no estás ahí, disfrutas y saboreas el momento de manera ársica y tésica... y tu mente vuelve al ahora para los últimos compases, te sientes extraña pera dichosa, poderosa, como nunca lo has estado. Sacas las manos del piano, sientes los aplausos y sonríes, miras a ese público que no ves, diriges tu mirada en la dirección que crees está tu familia sentada. Tu pecho palpita como nunca, sientes calor en las mejillas, las manos hormiguean, tus compañeros atrás golpean los arcos contra los atriles. Sales del escenario seguida por el director y él te indica salir a saludar de nuevo, sales y no lo crees, todo es surrealista y romántico, como un cuadro de Marc, donde hay formas entre un extraño entorno... hacer la reverencia, estás por devolverte cuando un hombre entra con un ramo de rosas blancas enorme y precioso, no te lo esperabas, lo recibes y piensas que no existe momento más perfecto que ese. Y realmente no hay momento más perfecto que ese. No lo habrá.

Abandonas el escenario cuando aún hay aplausos a tus espaldas, es el intermedio y salen tus compañeros de orquesta a abrazarte, ríes, sonríes, sostienes aún las flores y te parece que algo tan perfecto es irreal... el concierto termina y cuando vas saliendo te encuentras con el público, gente que no conoces te saluda y abraza, y lo más insólito, te piden firmar programas, a tus 16 años ni siquiera tienes una firma decente, decides que lo mejor es escribir tu nombre a la manera en que lo has visto en las películas, con esa escritura a la antigua, cuidada y desprolija a la vez...

Y sólo puedes decir gracias, ¿a quién? no lo sabes, quizás a la música, a Beethoven, al momento, a la conjugación de instantes que se suceden de esa manera mágica y memorable.

Tienes 16 años y te sientes la mocosa más afortunada ese día miércoles.
Y ese día se enmarca como uno de los más felices de tu vida.
Una de las tantas razones para ser pianista.

domingo, 5 de junio de 2011

retorno.

Los Vial. Todo un mundo. Pasar la reja y adentrarte en un callejón donde prima en un principio el cemento y el verde pasto, la muralla de malvarrosas. Una puerta. Entras. El quite a Toby que aunque se ve chico y pelusón muerde y no a lo caballero: embiste por atrás.

El jardín. Hay verde, mucho verde. Al final una hilera de eucaliptos y hierbas que la madre usa para esos clásicos té después de almuerzo. Una casa grande, de cortes simples y muchas ventanas, blanca, una terraza rectangular, pasas las lavandas y ahí está sonando el minueto de Bach por décima vez.

Los Vial. Gente de lunares, cabello oscuro y mirada dura, ruda y vivaz. Ropa de hilo y algodón. Ya adentro prima el blanco y el verde de esa alfombra que Juan Pablo ha tomado como suya luego de tantas jornadas echado en ella. La casa está llena, la gente conversa, se ríe, cotillea, hay choques de vasos, cariños en las cabezas, preguntas curiosas y risas jocosas. Se siente aún así la conjunción perfecta de lo bello y lo triste. Es el tiempo de antesala a las tempestades que se sabe, vienen.

La pieza. Lo señalo porque hasta ese momento ha sido el lugar de encuentro, mágico con aquella antigua marquesa, cuna de tantas conversaciones y cariños contemplativos. Hay cuadros y retratos, muchos de colores y blanco y negro, de paseos al lago, la playa y los tiempos en que el auto era pequeño y los miembros sólo cuatro.

Los Vial. De chica fueron mi referente y mi escuela. Las idas al puerto, las historias de barcos contadas con esa voz ronca y profunda de quién era uno de mis favoritos, de tiburones y pez espada, de fantasmas y barcos malditos. La música de fondo, siempre hay música, el piano sonando, la madre tarareando canciones. El gusto por lo sencillo y lo bueno. La apreciación de la belleza, la contemplación de un paisaje, la visión de un mundo más allá de los ojos, el descubrimiento del pensar.

La casa está llena de gente, y de comida, como siempre, pero de alguna manera se siente la soledad venir, estar presente como la última invitada que aún se mantiene en la puerta, esperando su momento. Las presencias son cortas, fragmentos de interrupción. De vuelta a lo bello y lo triste. A lo humano.

Los Vial. Mi cable a tierra. Mi centro. Mi perdición.  La vuelta a la absoluta indigencia en su más crudo y bello estado, el recordatorio que no existe nada mejor ni más feliz que ese amor, un jardín con hierbas, la música, el esfuerzo de un trabajo voluntarioso, la belleza de la voluntad por sobre todo. Miro a mis abuelos y se, con dolor, lo que es bueno. Me miro a mi y se que no soy un décimo de lo que debí ser, con todo lo que se me dio, ni asomo de lo que fueron ellos, los que me predecedieron y me doy rabia. Pero de la buena. De esa que me pide a gritos la vuelta del sol y de aquella música.

domingo, 15 de mayo de 2011

familia


La historia comienza con una mujer, Ana era su nombre, enérgica, de voluntad, ojos vivaces de un negro de esos que te dejan pasmado de sólo verlos, casada con un hombre probablemente mucho menos carismático que ella, hombre de fundo como ella, pero dominante, testarudo y silencioso, muchos se preguntaban del por qué de esa unión siendo ambos tan distintos... Hubo un primogénito y para cuando las malas lenguas hablaban que el matrimonio estaba en quiebra Ana esperaba a su segundo hijo, lo tuvo en un pequeño pueblo minero mientras su marido de encontraba muy lejos administrando el fundo ubicado en el Limarí, hacia el interior de Ovalle, una zona reconocidamente agrícola. Así nació Joaquín -llamado igual que el padre-, en compañía sólo de su madre, pero el bebe había nacido con serios problemas respiratorios y el consejo del doctor había sido alejarlo lo más pronto posible del contaminado ambiente de aquella ciudad, el niño necesitaba aire puro, campo...

Parece irreal pero con apenas una semana de haber parido a su segundo hijo Ana se subió a un caballo y partió con Joaquín hacia el fundo del matrimonio en el valle del Limarí... dicen que fue casi una semana a galope lo que demoró en llegar, o quizás cuatro días... la historia ocurrió hace muchos años y algunos datos se han perdido en la memoria de la tradición oral en la familia... El campo hizo bien a Joaquín, creció como un niño sano y fuerte, Ana se preocupaba de mantener a ambos hijos de la mejor manera, aún cuando se impusiera la voluntad de un padre demasiado castigador, estricto y muy amigo de los vicios..

El fundo comenzó a quedar en manos de Ana, su esposo cada vez iba hundiéndose más en el alcohol y en las continuas visitas a casas de remolienda, Ana lo sabía, el resto del pueblo también, era un secreto a voces, pero ella continuó en lo suyo, en sus tierras y sus hijos, aún cuando su salud -probablemente debilitada por la vida dura que comenzaba a llevar- comenzara a menguar...

Joaquín tenía 5 años cuando Ana cayó gravemente enferma, meses donde aquella hermosa y trabajadora mujer se debilitaba más y más... cuentan que una mañana a pesar de su enfermedad se levantó, ensilló su caballo dispuesta a recorrer sus tierras y retomar sus labores, ignorando las advertencias de todos partió, pero nunca volvió... Ana cayó de su caballo y el desnucamiento le provocó seguramente una muerte inmediata...

Y ese fue el cisma... Joaquín y su hermano fueron enviados a un internado, el padre se encargó de liberarse lo más posible de aquellos dos hijos, quienes pasaron al cuidado de otros familiares mientras el hombre vendía el fundo que Ana había cuidado por varios años y derrochaba la plata en malos negocios...

Y pasaron los años y Joaquín se convirtió -a pesar de todo.- en un buen joven, a los 14 años conoció a quién sería el amor de toda su vida, Eliana, tardó un año en atreverse a dirigirle la palabra a aquella menuda y tímida jovencita asentada en Ovalle, y para cuando Joaquín tenía 16 años ya comenzaba a salir formalmente con ella. Paseos por la plaza, ir a tomar helados de barquillo a esa heladería que aún está en esa ciudad, visitas en la casa de ella, se ganó el corazón de Eliana a pulso, aún cuando ella luego confesara que desde siempre el interés había sido mutuo.

El matrimonio fue apenas ella cumplió los 18 años, y al poco tiempo se marcharon a vivir a La Serena, lugar donde a partir de esta unión nacerían cuatro hijos: Patricio, Ana, Verónica y Pamela...

Y ese fue el principio de la historia de mi familia...
Hoy he encontrado viejas fotos de mis abuelos de cuando eran jóvenes, las conversaciones sobre la historia familiar han salido a flote... inevitable tomando en cuenta que hoy ha sido el día para recordar, hemos ido a misa porque mi nona Eliana mandó a hacer por el aniversario de la muerte de mi abuelo Joaquín y mi bisabuela y ... y nada... ha sido día de recuerdos pero de esos buenos... de esos que cuando me he fumado el cigarrillo en el patio de la casa de mis abuelos, entre las margaritas y los papayos, me han hecho sonreír...


Ya subiré las fotos que he encontrado, luego que las escanee...

Saludos!
Y un buen inicio de semana para todos (:

martes, 10 de mayo de 2011

mayo.

Angus & Julia Stone - What you wanted



Hay un montón de dolores, físicos y emocionales, pero el perder a una persona que amas sin dudas es de los peores... personas cercanas a mi han terminado suicidándose, muriendo en accidentes de coche y pereciendo luego de una añosa vida... curiosamente mayo ha sido el mes de las pérdidas estos últimos años... por eso odio mayo, es un mes de recuerdos que duelen, mi abuelo y mi bizabuela murieron en mayo... no les he hablado de mi bizabuela, era la persona más épica que he conocido jamás, nació en 1898 y murió el 2006, saquen la cuenta de cuanto vivió... pero no se imaginen a alguien postrado y sin vida, no, era la persona más astuta y vivaz que jamás he conocido, mujer de carácter, orgullosa como ninguna, trasgresora, excelente cocinera y con una memoria y vitalidad de esas que ya no se ven, toda su vida me llamó "Susana", ni idea por qué, siempre dejé que me dijese así, Susana o "susanita", sabía cual era mi nombre -todos le remarcaban que jamás me llamé así-  pero creo que a ella le gustaba tener esa particularidad conmigo... tardes completas en la terraza un día domingo, comiendo pastillas (le gustaban mucho), escuchando sus historias del primer auto, el primer avión, de cómo cuando tenía 6 años le mandaban a buscar agua al pozo y le daban miedo los sapos que saltaban entre la hierba... falleció un día de la madre y fui la única que la vio en el momento exacto de morir... cosas así marcan...

¿Y mi abuelo? Mi persona favorita de la familia sin dudas, todavía me acuerdo cuando entre los dos hicimos una bandeja para tomar desayuno, con patas plegables, cortamos las maderas, lijamos, pintamos... o cuando me iba a meter a su taller para intrusearle todas esas maquinitas raras que había inventado y que sólo él sabía usar, me acuerdo que me enseñó a usar el taladro y desde los 13 años era yo la encargada de poner todos los cuadros de la casa cada vez que nos mudábamos... yo, no mi hermano ni mi viejo... mi abuelo era un hombre de ideales y conciencia social, socialista, orgulloso cuando se enteró que yo también me había inscrito en el partido, el hombre que escuchaba atento cada vez que tocaba piano y comenzaba a hacerme preguntas de compositores y obras aún cuando entendiese muy poco, porque le importaba yo, le importaba que yo supiera que él estaba ahí conmigo... y es tan dificil no poder verlo ahora, lo extraño y me duele que su muerte haya sido entre tanto dolor e injusticia de la vida para con él... nadie quiere ver que un ser amado sufra... me acuerdo que la última vez que lo vi fue un jueves, mayo del 2009, estaba en cama, casi inconciente, toda una tarde a su lado, hasta que tuvo un momento de lucidez y alcancé a decirle que en Julio tocaría en el teatro municipal de Santiago, el teatro más importante de Chile y yo tendría un concierto ahí, recuerdo que sonrió, recuerdo que me tomó la mano y pareció observarme aún cuando su vista estuviese casi por completo acabada... "la felicito, mija", y eso fue lo último antes que falleciera el sábado...

Y nada, quería escribir sobre ellos, porque personas así de maravillosas y únicas las merecen...
Y mayo... mes de recuerdos, dolores pero también aprendizaje...
mes de ...
de...

Victoria.

domingo, 1 de mayo de 2011

glenn miller



La primera vez que escuché Glenn Miller fue cuando tenía 10 años y era Junio, me acuerdo porque tengo memoria para cosas raras, mi abuelo era fanático de él, le gustaba y yo lo oía con él mientras jugabamos con el perro que tenían en ese tiempo... recuerdo que mi abuelo Joaquín tarareaba las canciones mientras movía sus pies de un lado a otro, además hacía frío y el moverse le servía, pero además él salía a acompañarme porque a mi me gustaba jugar con su mascota, mi abuelo solía tirarle la cola sólo para hacerme reír...

Luego descubrí que Miller había sido un trombonista bestial, y para cuando tenía 15 años y mis mejores amigos eran todos los que tocaban instrumentos de bronce (trompetas y trombones) recuerdo que alucinaban con algunos temas de la banda de Glenn Miller, nos juntábamos a veces en la casa del Chino y entre conversaciones en random él ponía todos los discos que tenía de Miller, y entre comentarios como "escucha, escucha esto... el weon maestro..." pasábamos la tarde...

Descubrí que albergaba un sueño algo ridículo pero mío al fin y al cabo, siempre he querido bailar un tema de Miller, bailarlo con alguien, con un "él", porque ya hay tanto para amar su música, para recordar, para sentir, para imaginar... meciéndome al ritmo de ese suave swing, un hombro de apoyo, un perfume sutil, los ojos cerrados, los otros sentidos identificados, una burbuja de par...

Y todo por Glenn Miller y su moonlight serenade.

¡Feliz domingo  señores!
Y feliz día del trabajador!
(¿luego nos vamos por unas birras a celebrar?)

miércoles, 23 de marzo de 2011

Concierto





Caminas de un lado a otro, limpias tus manos en ese vestido negro que te hace ver tan "mona" pero que realmente no te agrada demasiado, el look de "señorita" nunca te ha parecido, prefieres tocar en jeans y zapatillas pero sabes que no puedes, estás en el Teatro Municipal, el más importante de tu país, se supone que debes lucir presentable. Tratas que las manos no se empapen de sudor mientras obligas a tu mente a recordar los primeros compases de todas las obras que tocarás ese día, son cuatro y el equivalente a 45 minutos en ese escenario... por un segundo te arrepientes de estar ahí, deseas que esos minutos pasen rápido, para relajarte piensas en lo que vendrá después de ese concierto, te imaginas en un local con una cerveza en tu mano y celebrando el exitoso recital, eso por segundos te saca una sonrisa, hasta que vuelves a la realidad con un golpe en la puerta del camarin, te volteas y está tu profesora con esa sonrisa entre nerviosa y ansiosa, le respondes con el mismo gesto. Te pregunta si estás lista y dices que sí, aunque la parte pesimista de tu cerebro dice "no, no lo estás, es más, podrías no tocar...", silencias esa parte de la mente y abandonas tu camarin y sales al pasillo, te acercas al salón y sientes el murmullo de la gente al otro lado, respiras ondo mientras tu mente recrea a la perfección los cuatro primeros compases de ese Preludio y Fuga de Bach que vas a tocar. Tu profesora se despide de ti y te toma de las manos en un último gesto antes de dejarte sola, tras bambalinas, desde ahí ves el piano, aparece el señor de las luces y te dice que ya eres libre de entrar, vuelves a suspirar y avanzas saliendo a la luz. El silencio es sepulcral mientras caminas acercándote al piano, la mandíbula se te tensa casi por inercia, tratas de relajar el gesto, llegas por fin al instrumento que se yergue imponente y solitario en el escenario, saludas y los aplausos apabullan tus oídos. Te sientas y relajas tus manos sobre tus muslos, sientes el peso de esos cientos de miradas sobre ti, te concentras, respiras profundo mientras tus pies prueban los pedales del piano antes de comenzar a tocar, siempre lo haces. Piensas que las diez horas de estudio diario tienen que valer de algo, tienes que hacer que valgan la pena, ese es el instante por el que llegaste a estudiar incluso doce horas en un día algunos fines de semana... Bach se mezcla entre los pensamientos y pones las manos en el teclado. Tres segundos y al fin rompes ese tenso silencio con los sonidos que sacas del piano. Siempre has amado ese instante, en que eres la única que tiene permitido interrumpir el momento de catarsis que ha sido creado en el ambiente, te gusta... y entonces tocas y con el pasar de los compases los nervios, las dudas e inseguridades desaparecen, desaparece el público, desaparece el salón, desaparece todo y sólo está la música y tú. En algunos pasajes fallas pero sigues adelante, un instante tu memoria te juega una mala pasada pero sabes disimularlo muy bien, sigues, y eso te arranca una sonrisa que sabes es palpable en tu rostro. Y tocas, y las obras pasan y los minutos también y sabes que la sonrisa no ha salido de tu rostro mientras te sumerges en otro estado y de pronto tu mente ya no está pensando en Chopin, si no que trae a flote un recuerdo de hace más de diez veranos, cuando eras aún una niña y jugabas en la playa con tu hermano mayor, los dedos se mueven solos mientras recuerdas esa playa y cómo el sol bañaba todo el paisaje... entonces vuelves a la realidad y estás ya en la última obra del programa, esa que podrías tocar a ojos cerrados porque es una de tus favoritas, y la terminas de tocar, las manos salen bruscas y teatrales del piano y te levantas casi al instante, incluso antes que la gente aplauda, ni siquiera te acuerdas de eso, que hay gente ahí, saludas y por fin concientizas a cabalidad el lugar en dónde te encuentras, sientes aplausos y silbidos y sonríes, los oídos te zumban y las manos te pican solas, deseas bajarte ya del escenario e ir a fumarte un cigarrillo, bajas al fin pero ahí en bambalinas está tu profesora que te obliga a salir a saludar de nuevo, ves la sonrisa en su rostro y sabes que lo has hecho bien, ella te mira orgullosa, saludas nuevamente esta vez te tomas un poco más de tiempo para hacer la reverencia y al fin sales del escenario. Ella te abraza y tu sonríes, te dice que debes quedarte en el pasillo porque la gente vendrá a saludarte probablemente, ella vuelve al salón, te quedas mirando su espalda unos segundos y comienzas a caminar, necesitas fumarte un maldito cigarrillo porque aún la adrenalina sigue en tu cuerpo como una fiebre, entras al camarin y estás apunto de abrir tu bolso cuando la puerta se abre y comienza a entrar la gente, sonríes -aunque de una manera más fingida- y comienzas a recibir las felicitaciones de gente que no conoces, las recibes de buen gusto de todas formas, aún cuando el lobby ególatra nunca te ha ido mucho, pero sabes que son gajes del oficio; hasta que logras salir del camarin y te interceptan otros grupos de gente que han ido a escucharte, les sonríes y tratas de ocultar el cigarrillo único que está entre tus dedos, sin resultados, porque lo primero que todos hacen al saludarte es mirar tus manos y maravillarse con tu extrañamente largo dedo meñique. Miras por sobre las cabezas y no ves ni a tu madre ni tu hermano, te extraña, caminas otro tanto y por fin logras evadir a la gente y salir del teatro, ahí está tu hermano quien te abraza por muchos segundos y te felicita "sabía que vendrías acá, por eso te esperaba", él es de los pocos que te conoce demasiado bien, sonríes a él y sus amigos que viven en la ciudad y que han ido a verte, cierras los ojos y al fin enciendes el bendito cigarrillo, el humo entra en tu sistema y te permites recordar lo que ha pasado minutos antes, te percatas que hay varios lapsus que no recuerdas mientras estabas tocando en el escenario, no sería la primera vez que la adrenalina te borra recuerdos. Das otra calada al cigarrillo y sonríes, ha pasado al fin otro concierto, uno que dichosamente te ha dejado una sonrisa en el rostro.



Sí, soy yo en la foto, me la tomaron precisamente en ese concierto.